EL PROBLEMA
¿Te adaptarías con facilidad a estos cambios? Los árboles que se doblan con el viento aguantan mejor las tormentas. Del mismo modo, tú puedes «doblarte» cuando llegan cambios sobre los que tienen poco o ningún control. Pero antes de ver cómo hacerlo, analicemos algunas cosas que debes saber sobre los cambios.
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LO QUE DEBES SABER
Los cambios son inevitables. La Biblia reconoce una verdad fundamental sobre los seres humanos: «El tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos» (Eclesiastés 9:11). Tarde o temprano, comprobarás lo ciertas que son estas palabras. Por supuesto, no todo lo inesperado es malo. Algunos cambios que al principio parecen malos podrían acabar siendo buenos. Aún así, la mayoría de las personas se sienten cómodas con su rutina, con lo que conocen; mientras que los cambios, sean buenos o no, les causan ansiedad.
Para los adolescentes es especialmente difícil. ¿Por qué? «Ya estás experimentando cambios internos -comenta un joven llamado Alex-.[1] Los cambios externos no hacen más que aumentar el estrés».
Otra razón es que, al enfrentarse a un cambio, los adultos ya cuentan con un «libro» lleno de experiencias que pueden consultar para ver que hicieron en situaciones parecidas. Sin embargo, los jóvenes apenas tienen unas pocas páginas escritas.
Es posible adaptarse. La resiliencia es la capacidad para adaptrse a los cambios y superar las adversidades. Una persona con esta cualidad no solo aguanta con estas circunstancias, sino que también ve cómo sacar partido de las dificultades. Por esa razón, es menos probable que los jóvenes resilientes caigan en las drogas o el alcohol cuando se sientan abrumados.
LO QUE PUEDES HACER
Acepta la realidad. Seguro que te gustaría tener el control de tu vida, pero eso es sencillamente imposible. Tus amigos se irán lejos o se casarán; tus hermanos crecerán y se marcharán de casa, o tu familia se mudará y tendrás que dejar atrás a tus amigos y todo lo que conoces. Es mejor aceptar la realidad que permitir que tus pensamientos negativos te abrumen (texto bíblico clave: Eclesiastés 7:10).
Mira al futuro. Pensar todo el tiempo en el pasado es como conducir por una autopista sin dejar de mirar al espejo retrovisor. Echar un vistazo atrás es bueno, pero debes concentrarte en la carretera, en lo que tienes delante de ti. Lo mismo ocurre cuando te enfrentas a los cambios. Intenta concentrarte en el futuro (Proverbios 4:25). Por ejemplo, ¿qué objetivo podrías ponerte para el próximo mes o para los próximos seis meses?
Concéntrate en lo positivo. «La resiliencia tiene que ver con la actitud -afirma una joven llamada Laura-. Búscale el lado bueno a tu situación actual». ¿Puedes mencionar algo positivo de tus nuevas circunstancias? (texto bíblico clave: Eclesiastés 6:9).
Una mujer joven llamada Victoria recuerda que durante su adolescencia todos sus amigos se mudaron lejos. «Me sentía muy sola. Quería que las cosas fueran como antes -comenta-. Pero al mirar al pasado, siento que fue justo entonces cuando empecé a madurar. Me di cuenta de que crecer es cambiar y de que estaba rodeada de personas que podían llegar a ser mis amigos» (texto bíblico clave: Proverbios 27:10).
Pensar todo el tiempo en el pasado es como conducir en una autopista sin dejar de mirar al espejo retrovisor
| TEXTOS BÍBLICOS CLAVE
«No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días anteriores resultaron ser mejores que estos?'» (Eclesiatés 7:10). «Vale más lo que se ve con los ojos que lo que se imagina con el deseo» (Eclesiastés 6:9, El libro del Pueblo de Dios). «Mejor es un vecino que está cerca que un hermano que está lejos» (Proverbios 27:10). |
![]() «Los jóvenes pueden ser resilientes si analizan la situación a la que se enfrentan y se dan cuenta de que los cambios son parte de la vida. Cuanto antes lo aceptes, más fácil te será seguir adelante. Las cosas mejorarán». ![]() «Cuando el problema ya ha pasado, intento no darle más vueltas. Simplemente me concentro en lo que sigue. Creo que ser resiliente implica mirar hacia adelante y no hacia atrás». |
Haz cosas por los demás. La Biblia nos dice cómo lograrlo: «No vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás» (Filipenses 2:4). Un buen antídoto contra nuestros propios desafíos es ayudar a los demás con los suyos. Anna, de 17 años, dice: «Al crecer, me di cuenta de que me sentía mucho mejor cuando ayudaba a alguien que estaba pasando por una situación igual o peor que la mía».•
[1] Se han cambiado algunos nombres.






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